-
click for detailsEl cristiano en gracia es un hijo de Dios, un hermano de Jesucristo y un templo del Espíritu Santo; hijo de María Santísima y heredero del cielo; tiene a los santos por amigos y por ayuda a los ángeles.
-
Así como para la vida corporal se requieren tres cosas: sol, pan y respiración, así también para la vida espiritual, se requiere el sol espiritual, que es la divina palabra; el pan espiritual que es la Eucaristía, y la respiración espiritual que es la oración.
-
Hagamos las cosas como quien sirve a Jesucristo, y no a los hombres, y de esa manera las haremos bien, con un buen modo y con buena gracia. Y cuando el prójimo nos haga a nosotros algún servicio, también hemos de mirar en él a Jesucristo.
-
Sé apóstol entre los tuyos con el buen ejemplo, con la oración, con las palabras y obras si tienes ocasión.
-
La caridad es la reina de las virtudes; es como el sol entre los astros, es como el oro entre los metales, es la que da vida a todas las virtudes; pero si la caridad falta, todo falta, nada sirve, como dice el Apóstol.
-
Ánimo y confianza en los Sagrados Corazones de Jesús y María. Las borrascas y los huracanes no duran siempre; después de ellos viene la tranquilidad.
-
Debemos imitar a Jesús sufriendo, callando y orando por los mismos que nos persiguen y calumnian.
(... Cuando hayas de manifestar tu parecer, hazlo con modestia y dulzura, con deseo de que triunfe la verdad y nunca por salir con la tuya, ni por el prurito de que se cumplan tus antojos; muy al contrario, si la conciencia lo permite, prefiere acomodarte al parecer de otros antes que porfiar, pues esto es de gran provecho espiritual...)
-
Con humildad agradeceréis a Dios y con mansedumbre al prójimo, con la humildad alcanzaréis de Dios las gracias que necesitáis para desempeñar bien el santo misterio y con mansedumbre os ganaréis de tal manera los corazones, de modo que los fieles os amarán, os obedecerán y se salvarán por vuestra mansedumbre. Por eso vemos que cuando Jesús nos dice que imitemos de Él esas dos virtudes, pone primero la mansedumbre y luego la humildad. Es la mansedumbre la virtud que más ha de ejercitar el sacerdote y todo hombre que haya de dirigir a los demás.
-
Tendrás particular cuidado de todo cuanto digas y hagas, de mirar por el bien de tus feligreses, manifestándoles el deseo que tienes de su bien espiritual y temporal, y cuánto sientes sus trabajos, mientras procuras su socorro; así los ganarás de tal suerte que te mirarán como su estimado padre y vigilante pastor; y serás tan dueño de su corazón, que les merecerás toda su confianza; muy al contrario te saldrá, si te portas de otra manera.
-
La felicidad está sólo en Dios; y sólo en Dios debe buscarla quien por ella suspire.
La lectura más piadosa que podemos tener es la del Santo Evangelio. Lo hemos de medit
-
r y conformar nuestra conducta con la regla de la moralidad que en él nos da Jesucristo. Allí está la verdad limpia de todo error.
-
El misionero apostólico debe ser un dechado de todas las virtudes. A imitación de Jesucristo, ha de empezar por hacer y practicar, y después enseñar.